domingo, 14 de octubre de 2007

Potentes venenos ecológicos.


Se trata de sustancias químicas que viajan grandes distancias a través del agua, el aire y los animales migratorios, contaminado todo a su paso.

Independientemente del sitio de residencia de las personas, probablemente estén expuestas o contaminadas con ciertas cantidades de Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs).
Se trata de sustancias químicas especialmente perjudiciales para el medio ambiente y la salud humana, los cuales producen fenómenos de bioacumulación y biomagnificación en la naturaleza.
Los COPs se acumulan en los tejidos grasos y permanecen en el medio ambiente durante mucho tiempo, y sus consecuencias más graves la padecen los seres humanos.
Entre los efectos más nocivos que producen en los seres vivos destacan el cáncer, interferencia en la capacidad reproductiva de muchas especies, disminución en el desarrollo intelectual de niños y debilitamiento del sistema inmunológico.
Dichas sustancias se encuentran en los alimentos y en el agua, probablemente en el aire y en la piel si, por ejemplo, se manipulan pinturas, disolventes o combustibles. Viajan grandes distancias a través del agua, el aire y de los animales migratorios, contaminado todo a su paso.

Triple resistencia:
Los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs) son muy estables y de ahí el atractivo de su fabricación y la dificultad que existe para liberarse de ellos.
Asimismo tienden a ser solubles en las grasas, lo que significa que se bioacumulan.
Muchas de esas sustancias tienen una toxicidad crónica, lo que significa que aunque la exposición a corto plazo frecuentemente no sea peligrosa, a largo plazo sí lo es.
Gracias a estos tres elementos de resistencia, los COPs se han diseminado por todo el mundo, hasta en las regiones más frías de la Tierra.

Hechos Históricos
El uso de los COPs comenzó en 1945 con la producción a gran escala del DDT como plaguicida, para controlar los insectos causantes de enfermedades o desastres en las cosechas.
Se trata de un compuesto orgánico descubierto en 1874, aunque no fue sino hasta 1939 cuando el químico suizo Paúl Hermann Müller encontró en sus propiedades insecticidas, lo que le sirvió para ganar el Nobel de Medicina y Fisiología en 1948.

¿Cuáles son los COPs?
Hay tres grupos de COPs, los Plaguicidas Organoclorados (aldrín, dieldrín, endrín, clordano, DDT, heptacloro, mirex y toxafeno) usados en la agricultura.
Los Bifenilos Policlorados (PBC o BPC) que son un tipo de aceites usados en la industria eléctrica y refrigerante, y las Dioxinas y Furanos que son los únicos que no se producen intencionalmente sino que son el resultado de la combustión en presencia del cloro.
Estas sustancias generan enfermedades cardíacas, alteraciones del sistema endocrino y malformaciones genéticas, alteran la información química de las células causando distintos tipos de cáncer, tanto en los seres humanos como animales tales como el cáncer del hígado, de piel, cloro acné, leucemia, linfomas, mielomas.

¿Dónde se encuentran los COPs?
En campos agrícolas donde se hayan utilizado plaguicidas organoclorados hasta los 60 años antes. En cultivos cosechados en suelos contaminados o regados con aguas contaminadas. En incendios forestales o cuando se queman conucos. En centrales eléctricas, en ciertos procesos de la industria petrolera y metalmecánica y en los incendios o quemas producidos en vertederos de basura, entre otros.

¿Qué se hace en el mundo?
Existe el Convenio de Estocolmo que es una de las medidas más destacadas de la comunidad internacional para combatir los COPs. Esté fue firmado el 23 de Mayo de 2001 por más de 120 países. En el tratado se solicitan medidas internacionales sobre la llamada “docena sucia”, se trata de 12 COPs agrupados en tres categorías: Pesticidas, Productos químicos industriales, Dioxinas y Furanos.
Los gobiernos firmantes se comprometieron a promover las mejores técnicas disponibles y acertadas prácticas ambientales para identificar, reemplazar y prevenir tanto los COPs existentes como los que pudieran desarrollarse en un futuro.
Uno de los factores más destacados en el Convenio de Estocolmo es la participación ciudadana.

Datos:
Desde 1945, la producción global de plaguicidas se ha multiplicado por 26, de 0,1 millones de toneladas a 2,7 millones.
Las restricciones empleadas han reducido la cantidad total de plaguicidas usados en países industrializados, pero la toxicidad de éstos sigue creciendo.
Las formulaciones actuales de los plaguicidas son de 10 a 100 veces más tóxicas que en 1975.
Un inventario de emisiones de 1995 realizado por el PNUMA en 15 países contabilizó unos 7000 kilogramos de dioxinas y furanos emitidos por incineradoras, éstos representaban el 69 por ciento de las emisiones totales de esas sustancias en estos países.
Se conocen 210 dioxinas y furanos.

¿Qué pueden hacer los ciudadanos?
Ayudar a exigir a las autoridades el cumplimiento del Convenio de Estocolmo.
Informarse sobre el Convenio de Estocolmo a fin de conocer las propuestas de participación ciudadana.
Leer detenidamente las etiquetas de los productos agrícolas a fin de evitar el uso o el contacto con estos contaminantes.
Comunicar, divulgar o compartir la información sobre los Contaminantes Orgánicos Persistentes. Entre todos los amigos y conocidos.
No quemar residuos ni desechos sobre todo plástico, pues generan dioxinas y furanos.
Usar mosquiteros en sitios de malaria y evitar la reproducción de los mosquitos usando alternativas al DDT.

Tomado: (2007, 8 de Octubre) “Potentes venenos ecológicos”. El Impulso, Cuerpo A, 1. Venezuela.

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